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miércoles, 23 de mayo de 2012

CRÍTICA



El único japonés 

En una ciudad con una oferta gastronómica tradicionalista como Valladolid, los locales con un toque moderno y diferenciador tienen éxito entre el público, pero curiosamente no dejan de aparecer y desaparecer. La comida japonesa no es algo sencillo de encontrar en la ciudad, y probablemente ésta sea la clave del éxito de Nippon, el único japonés de todo el centro, que ya lleva unos años abierto. 

El local tiene una estética más vanguardista de lo que solemos encontrar en Valladolid, y su carta es tentadora, pero la oferta de este mediterranean & sushi restaurant no resulta al final demasiado satisfactoria, sobre todo (y éste es el mayor “pero”) en la relación calidad- precio.

La carta “mediterránea” es bastante limitada, como para dar una alternativa a quien no le guste la comida asiática, y de ella destacan los crujientes de camembert con mermelada de tomate verde, un entrante delicioso. La parte oriental de la carta no se puede llamar auténtica comida japonesa, aunque sí una invención en algunos casos acertada, no en todos. El atún y el salmón están bien trabajados, pero no así otras variedades de sushi que incluyen queso de untar, mayonesa o langostino cocido. Otro plato recomendable es el tartar de atún. Los postres no merecen la pena.

La bodega se reduce a vinos de Castilla y León, incluyendo el vino “japonés” que finalmente resulta no serlo y que sirven a temperatura de tinto. Esto va de la mano de un servicio simpático y puntual, pero muy poco profesional, de los que sirven el entrante en último lugar y no saben informar al cliente. 

El ambiente es joven y el local ruidoso y oscuro, con mesas pequeñas en las que tienen que servir de uno en uno los platos para compartir. Lo mejor, la presentación de la comida, pero en un local con carta de champanes Moët et Chandon y con un precio medio de 40 euros por persona, los mini-manteles de plástico y las servilletas de papel son casi intolerables. 


Comida: 6/10
Servicio: 4/10
Ambiente: 5/10
Bodega: 5/10
Relación calidad-precio: Mala



viernes, 30 de marzo de 2012

COMODIDAD ALIMENTICIA


¿Por qué no hacer de la dieta el privilegio de comer buenos alimentos?


Fotografía: La vanguardia



En el siglo XXI la Dieta Mediterránea es Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, y la obesidad se considera la pandemia del mundo occidental. España, gran cuna del estilo de vida saludable e ideal, del vino, la oliva y el pan, supera ya a Estados Unidos en población infantil obesa, con un 19´1 por ciento. Algo no funciona. En los últimos treinta años este problema se ha multiplicado por tres, pero no nos ponemos las pilas, y mientras se hacen campañas a favor de la salud, en contra del tabaco, o de no llevar cinturón de seguridad, entre otras, se nos ha olvidado que en nuestro país hay niños de ocho años con colesterol. Los chavales han sustituido la manzana por el bollycao y los columpios por la televisión, pero no hay alarma, y siendo evidente que la responsabilidad no es del niño, ¿qué papel juegan padres y educadores en el desarrollo de este problema? Permitir que sus hijos aprendan a vivir con prisas, estresados, y dejarse seducir por la comodidad de la comida rápida y lo precocinado. Me pregunto desde cuándo “lo cómodo” es algo aconsejable en alimentación. A los niños les gusta la fruta, es dulce, sabrosa y está llena de color… pero jamás la probarán si se les dan unas natillas envasadas. Son más fáciles de comer. Y así los niños peor alimentados son los que comen en sus casas. Los colegios ofrecen unos hábitos que muchos padres en casa ni se plantean: dos platos y postre, guisos de legumbres, verduras, frutas, e incluso pescado, aunque venga en forma de barrita energética. Una guerra. Pero por qué no hacer de la dieta, que se ve como un castigo, un privilegio: el de comer buenos alimentos, sabrosos y saludables. Si queremos que niños perfectamente sanos no padezcan obesidad, colesterol, diabetes…  Por favor, salgamos de la comodidad.